Zona de conflicto

Venezuela, sociedad mediática y comunidad política. Antagonismos y atolladeros. Ciudad y utopía. Un espacio para cruzarse con los unos y con los otros...

6/06/2006


El tiempo de los monstruos

Veo las noticias del triunfo anunciado de Alan García en Perú y me pregunto hasta qué punto esto no es el signo que le faltaba a Suramérica para completar un mapa complejo y contradictorio, atravesado por buenas y malas intenciones, por diferencias insalvables y hasta por antagonismos lacerantes. Nadie dijo que sería fácil transformar la política latinoamericana en el siglo XXI, y los que pensaron que con la llegada de Chávez vendría un deslave “neoliberal”, pues se equivocaron: aquí lo que viene es más conflicto ideológico, y faltará mucha conciencia política, mucha confrontación y mucha mano izquierda (también del uso de la derecha) para avanzar en una integración que ponga el énfasis en otros términos menos dominantes que el mercado: cooperación, solidaridad, complementación. Queda por ver si García, hábil como ninguno de los viejos políticos latinoamericanos, no se convierte a su vez en un factor a imitar por la derecha de otros países que, como Venezuela, aún miran con asco a las muchedumbres y a los pobres excluidos de siempre.


II
Las elecciones del Perú dan muestra de ciertas habilidades y recursos que posee la vieja política para evitar el “escándalo del cambio”. Durante la primera fase de campaña, tanto Flores como García y Humala se entrabaron en una ruda contienda en la que los motivos fueron siempre similares, pero introducidos con tonos y acentos diferentes: la pobreza y la inclusión. A estas alturas, nadie puede decir que son pioneros de nada. Pero tampoco han llegado desinformados a esta encrucijada. Para las elecciones del Perú se puso en marcha un gran laboratorio político que sintetiza las tensiones y las dialécticas que han ocurrido en otros países latinoamericanos. Ante la feroz exclusión, ante las abultadas diferencias sociales y ante los reclamos de las distintas identidades culturales, no basta con reivindicar la defensa a ultranza de la clase media acomodada, y de sus irreductibles derechos. Hay que restregarse en la calle con los otros y dejar que las mayorías constituyan movimientos políticos, más allá de las demandas domésticas de unos vecinos de Altamira o El Cafetal. El gran paso que se dio en el Perú, en todo caso, está relacionado con todo eso: nadie le puso asco al sentimiento popular, y se avivaron por igual las luchas nacionalistas, las reivindicaciones sociales y el reconocimiento de las identidades.


III
¿Qué ha salido de allí? Un viejo zorro como García, capaz de enarbolar la bandera de una izquierda moderada, como dice, vinculada a Bachelet y a Lula. Aquí hay dos alternativas contradictorias —y no desechables— para los tiempos por venir: o García termina haciendo un gran show de reconciliación con Chávez, dada su gran capacidad mimética (histórica por demás), o termina fortaleciendo un eje con Uribe dentro del entorno andino, en resistencia a las políticas alternativas que está generando el Mercosur. Con estos monstruos populistas nunca se sabe. Para que todo siga igual, son capaces de bailar un tango con Fidel, tomarse un martini seco con Uibe o fumarse un porro en la selva con el Subcomandante Cero ¿Les suena conocido? Humala, por ahora, ha quedado descocido y maltrecho a pesar de sus buenos números. Será la prueba definitiva para medir si este clan milico-familiar tiene tanto arraigo popular como parece, y tanta voluntad como para sobrevivir a una derrota tan significativa. A Humala, lógicamente, le faltó tiempo para convencer al Perú de que su opción no era un salto al vacío. Ese tiempo que le faltó es lo que yo llamo hacer política con “P” mayúscula.

IV
A propósito del fenómeno García, uno se pregunta una y otra vez por qué ha costado tanto en Venezuela amalgamar, en tiempos post-referéndum, una opción electoral que tenga tantas aristas como las que maneja García. Quizá Teodoro es la respuesta más cercana que uno encuentra a la estrategia que puso en marcha Alan García en el Perú (ni de derecha, pero tampoco tanto de izquierda, ni proyanqui pero tampoco procubano), pero le ha faltado mucha calle (García la patea desde el 2000, por lo menos) y mucho apoyo mediático como para conseguir esos resultados. Teodoro recorre y recorre el país, por ahora, pero no despierta ni la más mínima pasión de los grandes medios de comunicación (ni él, ni ninguno). Con ello, se sigue teniendo la percepción de que no vale la pena ir a unas elecciones entubadas.

V
Perú es una respuesta y también una salida a tomar en cuenta. La politización extrema que vive ese país es el mejor signo de que no hay posibilidad de avanzar sin tomar en cuenta a las mayorías (y también a sus minorías). Esta es la mejor definición que se ha hecho últimamente del populismo, desde el punto de vista retórico (Ernesto Laclau): es el arma que sirve para constituir lazos sociales en tiempos de crisis institucional, económica y política. El populismo es lo que sirve para agrupar lo fragmentado, para reunir lo que parece irremediablemente suelto.

IV
La verdadera respuesta a Chávez la ha dado el monstruo populista del Perú, Alan García. El que quiera aprender la lección, tendrá que meterse un puñal sobre la manera como se diseñan y construyen estos monstruos (de izquierda y de derecha) que ahora lideran rotundamente el continente. ¿Más que escoger al menos malo, como vende la prensa internacional, no se trató en el Perú, más bien, de una reactivación soberbia de los ardides de la política, de la movilización libidinal de las masas y de una exacerbación de los mecanismos de identificación y de pertenencia? Eso, en pocas palabras, es la política. Una herramienta para construir mayorías, allí donde antes había minorías. Una herramienta con la cual cambiar lo que no sirve, lo que discrimina, divide y excluye. Para bien o para mal, es el tiempo de los monstruos.








11 Comments:

Anonymous Reste@dos said...

Dudo si optar por el populismo sea la única vía para construir mayorías políticas. Es efectiva, sin duda. No es sólo Alan García, también Uribe es un populista, en un terreno diferente.

¿Habrá otras maneras de crear vínculos socio-afectivos que generen movimientos políticos triunfantes y transformadores?

¿Podemos encasillar como populistas a Evo Morales o a Lula? Me inclino a decir que no. Aunque se puede discutir.

¿Es populista la concertación chilena? Definitivamente, no. No obstante, el nada incendiario Lagos dejó la presidencia con máxima popularidad y el logro de haber comenzado a reducir la desigualdad en Chile. Creo que es el único gobierno latinoamericano que en los últimos 25 años ha logrado avances en esa tarea pendiente de reducir la desigualdad. Para no dejar de pensar que son varias las estrategias posibles.

1:23 a. m.  
Anonymous Reste@dos said...

Dudo si optar por el populismo sea la única vía para construir mayorías políticas. Es efectiva, sin duda. No es sólo Alan García, también Uribe es un populista, en un terreno diferente.

¿Habrá otras maneras de crear vínculos socio-afectivos que generen movimientos políticos triunfantes y transformadores?

¿Podemos encasillar como populistas a Evo Morales o a Lula? Me inclino a decir que no. Aunque se puede discutir.

¿Es populista la concertación chilena? Definitivamente, no. No obstante, el nada incendiario Lagos dejó la presidencia con máxima popularidad y el logro de haber comenzado a reducir la desigualdad en Chile. Creo que es el único gobierno latinoamericano que en los últimos 25 años ha logrado avances en esa tarea pendiente de reducir la desigualdad. Para no dejar de pensar que son varias las estrategias posibles.

1:24 a. m.  
Blogger Héctor Bujanda said...

El tema del populismo es fascinante. A veces me pregunto, qué puede unir realmente a un chamo sifri de El Marquez y a un panita de La Vega. La derecha, por años, nos hizo pensar que lo que podía unir a esos dos personajes era una visión en común del crecimiento económico, del trabajo, de la seguridad, de la justicia institucional. Pero cuando todos esos vínculos están desechos, cuando la gente desconfía de los discursos tramposos, que siempre dejan en la práctica a un montón de gente fuera de las ofertas comunes, entonces empezamos a ver la aparición de ciertos sujetos, de ciertos discursos, de ciertos liderazgos que son capaces de poder vincular lo que no puede vincularse. Recuerda que uno de los escenarios más estudiados de la globalización es el de la profunda fragmentación social, el de la individualización radicalizada de la sociedad. ¿Entonces cómo construir lo político allí donde hay fuerzas ciegas, manos invisibles que actúan para dividir? El populismo, tal como lo entiende Laclau, apunta precisamente a esa sabiduría ancestral por la retórica y por ciertos actos que logran reunir lo que no parecía posible reunir. Por supuesto, hay matices, el populismo como estrategia se acentúa precisamente en las sociedades más opcas, más fragmentadas, más desechas. De allí que entre Chile y Venezuela haya un trecho largo.
¿Es peligroso el populismo? Claro que lo es, porque hay que replantear los contratos y las alianzas prácticamente todos los días, para que la cosa no se torne de derecha, o de izquierda (como dirán los otros). Es un tiempo, definitivamente, para decantar y depurar esos contenidos que son ambiguos, que son demagógicos y electoreros, en la búsqueda de una idelogía común y profundamenta mayoritaria.
En esa nos podemos apuntar...

11:36 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Bujis ¿que te paso?

12:28 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

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Anonymous Anónimo said...

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8:44 p. m.  

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