Debo confesarlo: siento una curiosidad (quizá se llama placer, o mejor, una envidia) casi morbosa por esos personajes de la vida pública venezolana que han mostrado a lo largo de estos años de maniqueísmo y chantaje “religioso”, una postura casi inclasificable, es decir, que cuando uno se los quiere conseguir en una esquina, bien parados sobre algún lugar común ideológico, aparecen un poco más allá o un poco más acá. Y con eso terminan desconcertando no sólo a sus seguidores más fieles, sino sobretodo a sus propios adversarios. Sin ellos, en serio, el juego democrático se reduciría simplemente a lanzar piedras de un lado para el otro del muro. Para nuestra suerte, existen estos personajes que de tanto apasionamiento, de tanta convicción, suelen cruzar momentáneamente las fronteras de lo establecido y logran redefinir en alguna medida el campo político.
Aclaro: no hablo de esos expertos anfibios que se han movido como cisnes por las antípodas, dependiendo de la oportunidad política y del salto de rana que puedan dar. No. Esos no me interesan para nada. Los personajes que yo quiero resaltar, afirmo enfáticamente, no tienen ese “deshonroso privilegio” de andarse por el debate político en actitud de “estar más allá del bien y del mal”, que es en la práctica la forma más cínica de andar por la vida (hay muchos intelectuales, analistas, periodistas de opinión y sofistas en general, que juegan a la táctica nietzscheana de mostrarse más allá de las pasiones mortales, y deniegan en la práctica las muchas pasiones y prejuicios que los animan). No, definitivamente, no quiero hablar de este animal cínico que abunda, sobre todo, en la gran prensa venezolana.
A los que yo me refiero con cierta envidia, repito, son a aquellos personajes que no han dejado de hacer en estos años su personal apuesta política. Es decir, que están enamorados profundamente de sus causas (sean las que sean), y que no calculan sus acciones en términos de rendimiento ni de ganancias. Militan enfebrecidamente en alguna causa, defienden banderas, pelean en algunas trincheras, y liquidan, en más de un sentido, a muchos de sus adversarios a punta de mostrarse más convencidos que nadie de lo que hacen.
Son en la práctica hombres y mujeres marcados por cierto fanatismo (por el compromiso que adquieren con lo otros, con sus principios y con sus acciones). El fanatismo en política tiene muy mala prensa, pero quiero proponerles una comparación con ese otro fanatismo que está plenamente autorizado socialmente: el amoroso, el que nos lleva a dejar trabajos, casas, a arrasar el pasado incluso, y hasta las relaciones amistosas por la aparición intempestiva de una mujer (o de un hombre). Estos seres, en alguna medida, han repetido en la política lo que cualquier mortal haría por el amor. Son seres que están marcados por una especie de pulsión incondicional, que los hace rebasarse en cada protocolo del debate, replanteando posiciones y alterando percepciones. Son personajes que por su propio apasionamiento rompen los consensos y abren nuevas perspectivas políticas.
Todo esto que les escribo, se lo debo a una noticia que apareció hoy en prensa, en la que la inigualable Lina Ron denuncia al alcalde de Vargas por intento de asesinato y lamenta que Venezolana de Televisión no la haya entrevistado, y que por el contrario lo haya hecho el canal enemigo de la revolución, Globovisión. Por un instante, y una vez más, las posiciones, los lugares, los hitos establecidos en la confrontación política son modificados por una actitud incondicional de alguna de sus partes, que rompe esquemas y obliga a cierta meditación (en este caso sobre el periodismo estatal, sobre el ejercicio del poder, sobre los órganos de seguridad). Así como tenemos a la comandante Lina Ron a la cabeza de esta lista de seres inclasificables, quisiera mencionar a otros que han mostrado está capacidad de rebasarse a cada instante, y que por sus pasiones generan, parece mentira, un gran dividendo democrático.
Los menciono tal y como me vienen a la cabeza:
1.-¿Qué sería de la oposición venezolana, tan anémica de argumentos, tan sifrina, prejuiciosa y arribista si en estos años no hubiera estado Teodoro Petkoff para arruinar algunas fiestas del ‘consenso mediático’? De hecho, la pregunta urgente que hay que hacerse es si esa misma oposición estaría dispuesta a casarse con todo el temperamento de Teodoro para las elecciones de 2006.
2.-¿Qué habría sido de las últimas y abúlicas elecciones municipales, si no hubiera aparecido ese turbulento movimiento electoral llamado Tupamaros? Es decir, esa movida que nace en el 23 de Enero y Catia, y que trasciende los diques del chavismo burocrático, al asumir la tarea inmediata de hacer la revolución allí, entre sus vecinos más cercanos.
3.-¿Se habría podido dar en estos años algún tipo de debate entre periodistas sin la figura de José Roberto Duque, dispuesta a asumir incondicionalmente, y desde cierta posición de “marginalidad”, sus convicciones? Es decir, ¿quién estaba dispuesto a poner en juego su propia profesión, su propia trayectoria, su propio puesto de trabajo con tal de atender a la necesidad de dar un debate y realizar una crítica profunda al ejercicio de una profesión en crisis? ¿No es Duque, y algunas de sus opiniones, un artefacto inclasificable para las propias y homogéneas pretensiones del chavismo más institucional?
4.-A la sazón de la confusión de los días post-11-A, ¿qué habría pasado si no hubiese aparecido la voz siempre impertinente de Jorge Olavarría para hablar del decreto de Carmona, redactado por nuestras élites constitucionalistas? Olavarría, muy tempranamente, nos permitió comprender la dimensión y estructura de todo el simulacro golpista del 11 de abril. La verdad es que siempre hará falta su crítica corrosiva, su intempestividad y su lucidez para marchar a contracorriente.
5.-¿Qué habría pasado si Roland Carreño no hubiese registrado en una crónica social las transacciones de una oposición que se siente irresistiblemente atraída por el magma petrolero? Y más aún, la salida de Roland de El Nacional sirvió para que éste denunciara con apasionamiento la novedosa simbiosis del poder que ha ocurrido después del 15 de agosto. Es un hecho innegable: aquellos poderosos que azuzaron la polarización y calcularon la caída de Chávez, fueron los primeritos en desdoblarse, y con ello traicionaron las pasiones de la multitud que se había quedado en la calle. Fue precisamente el malestar excesivo de Roland (que es una forma de pasión), lo que lo llevó a traspasar las fronteras invisibles que hay en todos nuestros diarios.
6.- Qué sería de los intelectuales atrapados en sus ideas maniqueas (es decir, en reducir cómodamente nuestro problema a la lucha de la civilización contra la barbarie), sin la figura de algunos personajes de la prensa como Arnaldo Esté o Ignacio Ávalos, siempre dispuestos a colocarse en el punto ciego de la polarización política, siempre preocupados por disolver los lugares comunes y por señalar lo que cada bando es incapaz de ver y asumir en el debate.
7.-¿Qué habría sido de la figura de Bolívar sin el “violento” antagonismo entre el sector oficial y nuestra elite civilista, encarnada en Manuel Caballero y Elías Pino Iturrieta? Al menos, ya contamos con dos Bolívar de carne y hueso para ponerlos sobre la mesa, y no sólo con las estatuas pétreas de los años del puntofijismo.
8.-¿Qué sería, me pregunto, de la macropolítica sin personajes marginales como el negro Claudio Fermín, tan terco y tan dispuesto a manejarse fuera de las matrices dominantes del debate político? Y tal vez por ello, tan ignorado por los núcleos de poder mediático.
9.-¿Qué sería de buena parte de los proyectos barrio adentro si no tuvieran esa pieza incansable e indoblegable llamada Nora Castañeda? ¿O al propio Andrés Antillano? Es decir, de gente que siente que su causa es infinita y que para avanzar en algo hay ue asumir que no hay tiempo que perder. En algún sentido, estos personajes están desafiando una manera de concebir el ejercicio del Estado, y proponiendo una manera distinta de administrar el poder.
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El fanatismo, déjenme decirles, es por naturaleza imprudente, desbocado, excesivo. Necesitamos mucha de esa energía para contrarrestar el cálculo egoísta e interesado, el oportunismo que marca tanto nuestro pasado político. Desde ese lugar inclasificable de los fanáticos venezolanos, de los no domesticables del todo por las matrices dominantes, resulta hoy impensable, irreal, casi de comiquita, que la oposición, por ejemplo, haya terminado de constituir una lista “por arriba” para la Asamblea, que incluye, entre otros extraterrestres, a golpistas (Carlos Alfonso Martínez) y a tombos relacionados con la matanza de abril (Simonovis y Forero). Antes de que el vagón vuelva a descarrilarse, hay que recordarle a la gente que el mejor lema para estos tiempos (donde hay que pensar, analizar, accionar y transformar, todo eso a la vez) se encuentra en un graffitti del Mayo Francés. Es un lema que sirve para todos aquellos que –de lado y lado– desean radicalmente que el país no se detenga y avance hacia algún lugar: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.




4 Comments:
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Bueno, loco, que al final borras lo que escriben los demás...es admirables que admires a esos escurridizos como Fermín, o al "periodista" Duque...ese punto intermedio que significa poder tirar para donde sople el viento...eso debe ser de pinga...pero si tienes bolas no borres lo que te digo, porque el 11 de abril eras tú, el filósofo posmoderno de la neutralidad chavista el que nos informaba desde El Nacional...es decir, ¿dónde estabas y dónde estás?
A que era de pinga beberse esos guiskis que te pagaban los Otero para que ahor avengas de purito a joder a quienes tienen la energía de sostener que la democracia es mejor que este mierdero militarista?
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