Zona de conflicto

Venezuela, sociedad mediática y comunidad política. Antagonismos y atolladeros. Ciudad y utopía. Un espacio para cruzarse con los unos y con los otros...

5/12/2005

EL MUNDO EN UN GRAFFITI

Como decía Walter Benjamín: no hay nada que buscar detrás de los objetos, ni debajo de las piedras. Ideologías, mecanismos de poder, paisajes de dominación, texturas culturales se encuentran en la propia superficie de las cosas, en las señales y signos que se atraviesan ante nuestros ojos. Este es un proyecto que busca representar (cada viernes) la zona de nuestro conflicto global, a través de los graffittis que proliferan en las calles de Barcelona. ¿Nadie quiere hacer lo mismo con los graffittis caraqueños? Aquí podríamos ensayar un ejercicio a cuatro manos


GRAFFITI-BCN/I

Son tiempos decididamente post-edípicos. La figura del padre único ha sido relativizada por la dinámica del neoindividualismo y han proliferado los padres, efímeros y espectaculares. En vez de la Voz del Padre en mayúsculas (el Estado, el Caudillo, el Ideólogo, el Psicoanalista), tenemos más bien marcas contingentes, significantes-amo que funcionan como una estrella de rock: cohesionan, agrupan momentáneamente, pero nunca llegan a consolidar un proyecto alternativo de comunidad. El Mesías siente que éste no es su tiempo, y que cada quien reacciona ante su palabra con una rotunda negación. Todo hombre del siglo XXI trabaja en secreto para aniquilar al Padre. Por eso tantos conflictos, tantas pluralidades, tantos tumultos. No en vano, algunos han rescatado la idea de que el único padre posible en el mundo global es el que encarna la fuerza del Mal (producir miedo, aterrorizar). La pregunta clave es la siguiente: a pesar de que nos hemos liberado de la figura paterna que nos guía, que nos forma y que nos conduce ciegamente, ¿significa entonces que nos hemos liberado de la fe? Toda sujeción padre-hijo está construida alrededor de una fe inconmovible. Si no hay padre, a dónde va a parar toda esa fuerza ciega, supersticiosa y creyente por naturaleza que hace del hombre un ser social, algo distinto al animal. Dependemos más que nunca del Otro (de su saber, de sus creencias, de sus visiones) pero no estamos dispuestos a aceptar su autoridad. A pesar de ser el último padre de la era moderna que encarnaba al Mal, Darth Vader está en problemas. Ya su fuerza oscura no nos intimida.
GRAFFITTI-BCN/II

A los que gustan detectar anomalías en el sistema, ubicar virus contaminantes y atascos entrópicos hay que decirles que ya su tiempo pasó. Que el sistema mismo es una gran anomalía y que las últimas referencias que quedaban en pie (la lucha por los derechos humanos, por ejemplo) han sido vilmente maltratadas, vilmente manipuladas. El Estado global es un cráter con muchos huecos, con muchos espacios, con zonas olvidadas y despreciadas. Sin embargo, la última de las trampas del sistema global no radica en vender sus bondades concretas y contables, sino en sostener la fantasía colectiva: a esos muertos, a esos ejecutados en medio del conflicto, del odio y del desorden, le llamamos víctimas. La idea de la víctima es el último recurso para que esos olvidados, esos humillados no hablen nunca, y sigamos hablando por ellos a través de organizaciones humanitarias y expertos mediáticos. Hay que ser contundentes en este aspecto: en el mundo cochino y duro en el que vivimos, no hay verdaderas víctimas, lo que hay es gente peleando por sus espacios, por sus razones y por sus convicciones. Quizá ya no sean tiempos de paz, como nos vendieron en los felices años 90, sino tiempos de guerra, de resistencia y de reacción. Después del 11 de septiembre la utopía única ha terminado, y empiezan a aparecer otros muros que habrá que derribar (el de Israel con Palestina, el de España con Marrurecos, el de Estados Unidos con México). Bienvenidos al crudo mundo real.

GRAFFITTI-BCN/III
La cámara es la nueva arma planetaria. Como todos los instrumentos de comunicación, está atravesada por una radical ambigüedad. Las cámaras “domésticas” ruedan por las calles y registran realidades múltiples. Democratizan los relatos de los grandes actores mediáticos y han creado otra manera de mirar y de construir la realidad. Ahora hay un sin fin de movimientos y plataformas documentalistas, el periodismo se masifica y cada quien busca registrar lo que quiere. A esa red rizomática —lo más vital que está pasando en la sociedad civil del siglo XXI— se contrapone otra corriente, la que se apoya en las instituciones de seguridad para controlar la calle y la conducta ciudadana. Si se mira bien, el mundo sigue polarizado esencialmente en dos conductas (en dos clases, dirían los marxistas): los que no aceptan las reglas preestablecidas y actúan para construir una red alterna de interlocutores (los movimientos mediáticos alternativos), o los que delegan en poderes omniscientes el orden y las actuaciones dentro de la ciudad. Quizá por eso el mundo está hoy radicalmente dividido entre los que no imaginan siquiera la red de relaciones y de intereses que hay alrededor de un medio de comunicación, y los que han decidido romper la mediocracia y construir otra realidad. En resumen: o utilizamos las cámaras como grandes aparatos de control (el sueño orwelliano alimentado por los miedos sociales) o las usamos para romper la matriz y cortar algunas fantasías reinantes (la anarquía mediática). Más que nunca tú decides hacia dónde debe enfocar esta cámara.

GRAFFITI-BCN/IV

Orwell imaginó un mundo controlado por un cíclope. Por un animal omnisciente. La fantasía totalitaria del siglo XX se construyó alrededor de ese cíclope que todo lo ve, que todo lo juzga, que todo lo sabe. 1984 fue el año que imaginó Orwell para que el mundo se convirtiera en una continua imagen de control. A 21 años de esta fecha límite, la pesadilla continúa, pero ha ocurrido una extraña mutación. Ahora el cíclope respira en cada uno de nosotros (probablemente se ha metido en nuestros huesos) y nos instiga a mostrar ante las cámaras lo más bajo, lo más oscuro de nuestras pasiones. No tenemos nada que temer ante las cámaras espectaculares. En esta mutación, ya nadie nos persigue ni nos vigila desde afuera. Nosotros mismos hacemos el trabajo pesado, y expulsamos sin pruritos lo que respira debajo de nosotros. Bienvenidos a la telebasura, donde lo privado se globaliza y el espectáculo se construye con el aporte de cada uno de nosotros, miembros todos de esta gran familia planetaria. Feliz 1984, hermano.

(Este graffitti le dio en la madre a mi pana Alexis, que se animó a escribir sobre un tiempo y un lugar de Caracas que ha quedado enterrado por los hechos)
Alexis dice: "FELIZ 1983. El lugar: un callejón que luego perdió para siempre su identidad tras la construcción de un nuevo anexo del Colegio de Medicina, en San José, Caracas. El momento: probablemente finales de 1982. Estudiaba en el colegio de primaria La Trinidad. El graffiti cataleco que coloca Héctor Bujanda toca el resorte de uno de esos instantes de felicidad perfecta que se congelan en la memoria: mi madre me llevaba de la mano al colegio, San José era una zona en la que no había tantos malandros, dos mecánicos reparaban un vehículo con total felicidad en sus rostros, me sonreían al yo pasar. Al fondo de ellos, sobre una pared blanca: "Feliz 1983". ¿Quién sería hoy capaz de escribir en una pared Feliz 2006, o Feliz 2007? De esa misma época herreriana, más o menos, también me recuerdo en una noche decembrina pegado al vidrio trasero del Nova azul celeste familiar, en Chacao: leo perfectamente las letras de la tienda IMGEVE en voz alta. Una pareja que pasa, con aspecto de integrantes del grupo Abba (recuerdo perfectamente la chaqueta de cuello peludo, el cabello largo, lacio y rubio y los anteojos del individuo varón) me hacen un gesto de aprobación tras mi correcta lectura de la palabra IMGEVE. Me pregunto si durante el gobierno de Luis Herrera fuimos felices y nunca nos dimos cuenta".

GRAFFITI-BCN/V

Consumir, masticar, tragar, digerir, devorar... En este mundo todo lo que entra sale, todo lo que es deseable también es detestable, todo lo que se digiere se expulsa (tal como le ocurre al amigo acá). El psicoanálisis habla de una naturaleza humana sublime, de que todo lo que se percibe como un manjar puede terminar convirtiéndose en puro excremento, todo lo que parece bello puede transformarse en un balde de basura. Todo deseo de un objeto, toda fantasía alrededor de él, puede, por un sólo y simple cambio de perspectiva, transformarse en algo ominoso. Ahora que cada uno de nosotros muestra ante las cámaras y en los sitios de Internet sus pasiones, sus fantasías y odios, también se debe estar dispuesto a recibir lo que expulsan los demás. Dando y recibiendo. Soltando y recogiendo. Así se construye el mundo excremental de hoy, en el que lo único que ya no podemos controlar es el exceso. Por más reciclaje y ecologismo, por más cotorra sobre la sostenibilidad y el bla, bla, bla, lo que resulta imposible administrar hoy es la porción de tantos residuos tóxicos, el más peligroso de ellos el ser humano, por supuesto. No es hora de retener nada, mueve tus tripas.

GRAFFITI-BCN/VI

No son tiempos para nuevos marcianos, ni para una guerra de los mundos planetarios, como imaginaba Wells. Son tiempos realistas y espectaculares, en los que se multiplican las desobediencias y los conflictos. Estamos más solos que nunca en este único y palpitante mundo. Los marcianos, esos seres extraños y peligrosos, hace rato que se instalaron en nuestras vidas. Están regados por las calles, pasan inadvertidos entre nosotros. Ni siquiera tienen el dedo meñique más rígido como para poderlos identificar. Los marcianos no eran tan poderosos como se creía. Son más bien seres vulnerables que se han entrenado en el largo ejercicio de la humillación. No se crea que nada es gratuito en esta vida, y que el humillado siempre seguirá en su misma posición. Los marcianos han aprendido del polvo, del hambre y del odio. Ahora son muchos, están regados por todas partes y están dispuestos a hablar su lengua, a decir lo que piensan y a cambiar las reglas. En el siglo XXI una nave recorre el mundo y viaja cargada de miles de millones de seres buscando sitio y espacio. Es la nave de los excluidos, que ahora quieren aterrizar (digo, participar) en la feria global.

3 Comments:

Blogger Corripio said...

FELIZ 1983

El lugar: un callejón que luego perdió para siempre su identidad tras la construcción de un nuevo anexo del Colegio de Medicina, en San José, Caracas. El momento: probablemente finales de 1982. Estudiaba en el colegio de primaria La Trinidad. El graffiti cataleco que coloca Héctor Bujanda toca el resorte de uno de esos instantes de felicidad perfecta que se congelan en la memoria: mi madre me llevaba de la mano al colegio, San José era una zona en la que no había tantos malandros, dos mecánicos reparaban un vehículo con total felicidad en sus rostros, me sonreían al yo pasar. Al fondo de ellos, sobre una pared blanca: "Feliz 1983". ¿Quién sería hoy capaz de escribir en una pared Feliz 2006, o Feliz 2007? De esa misma época herreriana, más o menos, también me recuerdo en una noche decembrina pegado al vidrio trasero del Nova azul celeste familiar, en Chacao: leo perfectamente las letras de la tienda IMGEVE en voz alta. Una pareja que pasa, con aspecto de integrantes del grupo Abba (recuerdo perfectamente la chaqueta de cuello peludo, el cabello largo, lacio y rubio y los anteojos del individuo varón) me hacen un gesto de aprobación tras mi correcta lectura de la palabra IMGEVE. Me pregunto si durante el gobierno de Luis Herrera fuimos felices y nunca nos dimos cuenta.

7:49 p. m.  
Blogger Corripio said...

FELIZ 1983

El lugar: un callejón que luego perdió para siempre su identidad tras la construcción de un nuevo anexo del Colegio de Medicina, en San José, Caracas. El momento: probablemente finales de 1982. Estudiaba en el colegio de primaria La Trinidad. El graffiti cataleco que coloca Héctor Bujanda toca el resorte de uno de esos instantes de felicidad perfecta que se congelan en la memoria: mi madre me llevaba de la mano al colegio, San José era una zona en la que no había tantos malandros, dos mecánicos reparaban un vehículo con total felicidad en sus rostros, me sonreían al yo pasar. Al fondo de ellos, sobre una pared blanca: "Feliz 1983". ¿Quién sería hoy capaz de escribir en una pared Feliz 2006, o Feliz 2007? De esa misma época herreriana, más o menos, también me recuerdo en una noche decembrina pegado al vidrio trasero del Nova azul celeste familiar, en Chacao: leo perfectamente las letras de la tienda IMGEVE en voz alta. Una pareja que pasa, con aspecto de integrantes del grupo Abba (recuerdo perfectamente la chaqueta de cuello peludo, el cabello largo, lacio y rubio y los anteojos del individuo varón) me hacen un gesto de aprobación tras mi correcta lectura de la palabra IMGEVE. Me pregunto si durante el gobierno de Luis Herrera fuimos felices y nunca nos dimos cuenta.

7:50 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Las casualidades de la vida, llevamos 10 años haciendo la plantilla con FELIZ 1984 como lema

Fotos:

http://www.flickr.com/photos/20912488@N05/

salud!

Feliz 1984

6:24 p. m.  

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