Zona de conflicto

Venezuela, sociedad mediática y comunidad política. Antagonismos y atolladeros. Ciudad y utopía. Un espacio para cruzarse con los unos y con los otros...

10/02/2006


La campaña: multiplícalo por tres
y ponle asientos de cuero

La campaña presidencial llega a su máxima temperatura. Mes decisivo, si los hay, para saber hasta donde puede llegar Rosales y cuánto puede perder Chávez. Campaña atípica por demás, por su relativa brevedad, por su asimetría, por su falta de electricidad social y, sobretodo, porque se ha ido desarrollando con tonos y contenidos que desde hace mucho no percibíamos. En los años recientes de conflictividad agria, de disputas de vida o muerte, las campañas electorales se hicieron desde la perspectiva de la supervivencia de unos o de otros, se tornaron éticas y principistas: o estabas o no estabas. O eras aliado o eras enemigo. Finalmente han llegado otros matices y otras complejidades en el arduo ritual venezolano de construir y mantener las mayorías.
En estos meses las cosas han dado un vuelco sustancial con respecto a los años anteriores. Los contenidos y promesas de los candidatos se han centrado en uno de los aspectos más inquietantes de este momento histórico: la extraña y paradójica mezcla –o cortocircuito– de una promesa socialista en medio de altos precios petroleros y de grandes ingresos estatales. Una paradoja que combina en la calle el desarrollo de movimientos populares y el alto consumo de whisky 18 años; la ideologización de sectores y comunidades históricamente excluidas y la irrupción de vehículos importados, de lujo, por todas las vías del este de la ciudad.

Si se mira bien, una mezcla diabólica, y a velocidades distintas, de un proyecto político a largo plazo (la construcción de una sociedad igualitaria) con la aparición a corto plazo de una riqueza fácil y saudita, profundamente diferenciadora. Ya lo decía Fernando Coronil: estamos en un momento donde se fusionan el fenómeno de la irrupción de los pobres en la vida pública, de su gran visibilización (similar a la época de 1945), con la de la riqueza petrolera, que lleva a la actitud de facilismo y de derroche (tipo los años 70, del gobierno de CAP).

Esta campaña electoral se ubica en ese territorio específico en el que interactúan tres fuerzas asimétricas en plena expansión: la de los movimientos y plataformas sociales y comunitarias (guiadas por el principio de participación y de acción política), la del Estado (como monstruo burocrático que intenta redistribuir socialmente la renta, a través de acciones ejecutivas verticales) y la del mercado (que gira alrededor de los beneficios de la banca, de la importación y del comercio). En medio de esas fuerzas en expansión, la campaña se centra –y ese es un mérito de Rosales– en la ilusión de que hemos vuelto a ser un país rico, que hay que repartir lo que hay –que hay de sobra– y que la abundancia tiene que permearnos a todos de manera más radical.

Más allá de la demagogia y del populismo, la estrategia no deja de estar bien pensada, ajustada a estos tiempos complejos y potencialmente políticos (y eso es decir mucho para una oposición que se puso sifrina, exclusivista, totalitaria). Mientras el gobierno intenta dar un paso adelante, desarrollando el mito que sirva para construir una comunidad política estable para el futuro (el socialismo del siglo XXI), la oposición apela a los instintos y arquetipos que nos han marcado históricamente, y que han puesto en crisis, precisamente, proyectos inclusivos como el de la modernización y el progreso. El mito de la abundancia, “del cuánto hay pa´eso” y del “con los adecos y copeyanos se vive mejor porque dejan robar”, muestra una dimensión idiosincrásica muy fuerte. Más fuerte de lo que se creía.

La confrontación de visiones reaparece a niveles muy distintos. Es decir, la dinámica de esta campaña se traduce entre el Ser y el Deber Ser, entre el Superyó y el Ello freudiano, entre el Instinto y la Razón… El chavismo pone el Deber y la oposición pone el Instinto. La tarjeta Mi Negra, la condonación de las deudas de las cooperativas fraudulentas y cambiar dos mil dólares por un arma son estrategias opositoras que apelan al Ser, al Ello, al Instinto. El partido único, la reelección indefinida y las siete líneas estratégicas propuestas por Chávez para un largísimo período de liderazgo que iría del 2007 al 2021, obligan a apelar a una conciencia del Deber y establecer unos principios acordes con el modelo del socialismo del siglo XXI. A una idea de Razón (mente, ideas, principios).

¿Pero este es el límite del debate? ¿Una moralización sencilla de las dos opciones, que se presta a relacionar a Chávez con el Bien y a Rosales con el Mal? Desde los aportes del psicoanálisis sabemos que todo paso que se da para fortalecer la dimensión racional, moral y ética de un individuo o de una comunidad, desemboca en un síntoma, en la explosión de un contenido reprimido. Quien ha visto la conducta de los personeros de la Iglesia lo sabe de sobra: tanto celibato, tanta castidad profesada, termina desembocando en situaciones aberrantes, en anomalías que echan por tierra todas las premisas morales y éticas practicadas con estoicismo (tipo acontecimiento en el hotel Bruno, por ejemplo).

Quiero decir que de los síntomas no se salva nadie, cotidianamente, y lejos de ser una cosa que le pasa sólo a los chavistas, el síntoma le ocurre a todos los seres humanos. No es propiedad exclusiva de la izquierda, que yo sepa. Pero mientras Chávez se pone maximalista, y demanda Deber y Compromiso, en su retórica surge el propio síntoma. En la inauguración de unas viviendas en San Diego, Valencia, el pasado sábado, Chávez dijo, palabras más, palabras menos, que el presupuesto del año que viene será de 100 billones de bolívares, “todos son para ustedes, para los más necesitados”. Esa cifra tiene una importancia fundamental: nunca en la historia el país había tenido un presupuesto tan abultado. Es decir, aunque Chávez no nombra a Rosales, lo repite como su verdadero síntoma: no hay política sin construcción de una dimensión utópica excesiva, placentera, que en Venezuela pasa por cierta forma de concebir al Estado como gran repartidor, como una entidad dadivosa, y al Presidente como quien se encarga de dar y multiplicar por tres todos los recursos. Después de arduas luchas y sacrificios, de principios y de ideologías, es hora de ofrecer el paraíso a los pobres y excluidos.

Por el lado de Rosales, en tanto, mientras más se pone gozoso y apela al ideal de que la riqueza nos las tenemos que "rumbear" todos por igual, produce todo un síntoma que se expresa en el discurso de cierta clase media que se ha sentido golpeada por la manera como el Estado ha repartido en estos años la abundancia. A Rosales lo acusan de populista, de repetir la historia anterior, de hablar sin saber de los dineros del Estado. A pesar de que los medios marcan la pauta política opositora, aún hay gente que no siente identificación rotunda con Rosales, porque lo percibe adeco y demagogo.

De cualquier forma, mientras a Chávez le demandan Goce inmediato, a Rosales le demandan Razón. Esta es la manera de comprender los dilemas y las formas como se manifiestan las dos visiones políticas que existen en el país. Mientras Chávez esté en el poder, puede hablar de dinero a su antojo –al fin y al cabo lo administra– mientras que Rosales, si quiere, promete el cielo, a Dios y al Infierno por igual, aunque se parezca todo eso al pasado adeco. El problema de fondo, lo que conecta el goce de unos y las razones de otros, es que da la sensación de que para lo que se habla y se promete en Venezuela, aún hay mucho dinero del Estado que se sigue repartiendo de manera desigual, que se sigue decantando socialmente a la manera vertical, como ha sido siempre…
A la oposición le fue muy mal en estos años recientes de conflictividad, cuando apeló a la Razón (se creía culta, preparada, virtuosa) y terminó actuando sinrazón. ¿Le pasará eso al chavismo en algún momento, con tantas razones de por medio?

********

Mientras todo esto se desarrolla, el concesionario que me vende un carro me ha dicho que ahora cuesta 3 palos más, porque ahora el modelo sale de la fábrica con asientos de cuero. Hay real en la calle, mucho real. Y al consumidor le toca pagar por ello. Así estamos.

18 Comments:

Blogger Juan Carlos Chirinos said...

"Chávez le demandan Goce inmediato, a Rosales le demandan Razón", dices. Y tienes razón, valga la redundancia: Chávez tiene 8 años gobernando, ya es hora de que el país goce de los beneficios de tanto "gobierno razonable", ¿no? A Rosales se le demanda razón, claro que sí: porque eso es loq ue produce a la larga el goce de los bienes.
Me parece que esa diferenciación que aplicas, Chavez/Razón, Rosales/instinto, olvida que Chávez tiene ocho años hablando con el dudodeno, y dehecho lo volvió a hacer en la ONU: ¿eso es apelar a la razón? ¿El militarismo mitologista de las figuras falseadas de Bolívar, Zamora, Miranda, etc. es una manera de apelar a la razón? Rosales pro su parte, no repite a los adecos en sus postulados populistas: es una copia del propio Chávez.
La verdad, Héctor, este análisis que haces me deja asombrado: ¿es retórica o yo no entendí nada? No descarto la última opción.
saludos.

1:23 p. m.  
Blogger Héctor Bujanda said...

No te asompres, Juan Carlos, en lo particular, cada vez menos me perturban los verbos que intentan articularse desde el duodeno. Me preocupa más, como lo digo en el texto, todos esos discursos que desde la Razón sofisticada terminan articulándose, en la práctica, como una verdadera sin razón. Y como quiero pensar que el antiamericanismo de estos tiempos no es monopolio de nadie, prefiero creer que la Razón y la Seguridad esgrimidas por Bush son mucho más peligrosas que la retórica duodenal del azufre y de las invocaciones diabólicas.

Ese es uno de los clásicos tópicos del psicoanálisis: cómo gestionar, cómo administrar todo lo que sale por el duodeno. Y sabemos lo que ocurre cuando nos ponemos represivos, escrupulosos y negadores de esa zona tan visceral que poseemos.

Deber y Compromiso, en el contexto preciso de la campaña, significa apostar por una elucubración teórica y conceptual como lo es “el socialismo del siglo XXI”. Una apuesta que intenta, como digo también en el texto, articular un mito para los tiempos por venir (discutible o no, como todo), pero un mito narrativo al fin, similar en morfología (y no en estructura) al mito de la modernización y del progreso que se articuló en el siglo XX, especialmente a partir del Pacto de Punto Fijo.

Esta campaña ha estado signada por las demandas abstractas de un modelo aún inimaginable, y por un estilo gozoso como el de Rosales. Me extraña que te hayas quedado con la lectura polarizada, cuando yo pido expresamente en ese texto trascender los moralismos que asocian el Bien y la Razón a Chávez y el Mal y el Goce a Rosales. Tú sabes, siempre en el plan de formar la barra de los maniqueísmos, hasta donde sea posible.

Aunque no he leído tú libro sobre Miranda (tarea pendiente, por demás), soy de los que piensa que la historia siempre es una teatralización, una puesta en escena, en la que los vencedores siempre ponen las luces y ubican a los personajes. Monsiváis ha escrito mucho sobre la manera como el conflicto social, racial y cultural mexicano terminó codificado, “domesticado” en el cine y la televisión, en nombre de unos vendedores. No hay una historia verdadera y otra falsa, que yo sepa. Hay versiones, lecturas, condensaciones, articulaciones, mutaciones que no cesan. Y esa historiografía nueva, hecha desde una perspectiva política específica, ha generado una cadena de respuestas que han revitalizado el debate, la discusión y la producción misma de nuestros saberes históricos.

Hecho más que positivo, al punto que, mira tú, has terminado escribiendo una biografía del prócer universalista. Ganancia para nuestra cultura y nuestro debate, sin duda.

5:59 p. m.  
Blogger Juan Carlos Chirinos said...

Yo no he terminado escribiendo una biografía de Miranda a causa de todo esto proceso. La coincidencia es circunstancial. Fíjate que esta biografía la comencé muchísimo tiempo antes de que empezara a "articularse", como dices, el mito ese del socialismo del siglo xxi; más bien fue movido por ofertas editoriales y curiosidades historiográficas de vieja data que poco tienen que ver con el devenir da la nación y más con la lectura propia de nuestra historia y el desarrollo mismo de mi carrera literaria. Quizá, desde el punto de vista de la historia de las mentalidades, este libro es la consecuencia de discursos como los de García Canclini, Celeste Olalquiaga y Carlos Rangel (a Monsiváis no lo he leído casi).
Las vicisitudes editoriales, otra vez, hicieron que la publicación de mi libro coincida (convenientemente) con el bicentenario de lo del Leander y con el disparate que están haciendo con Miranda allá, el menos delicado de los cuales es relacionar tanto a Miranda con Bolívar, que no pueden ser más diferentes. Es una falta de tacto.

Por más que lo reflexiono, y tratando de que el bien y el mal no sean determinantes, no veo cómo puede representar algún tipo de razón lo del socialismo del siglo xxi, que ni bien redactado está en sus articulaciones orales y escritas: me refiero a los discursos dislálicos y desestructurados de su primer promotor; a textos como los esos disparates que son los folletos ideologizantes de las misiones, que dan pena ajena (¿los conoces?) y libros como "Pensar la patria", que no he leído, pero que me imagino cuáles puedes ser sus líneas de acción apenas por el título, que hubiera aplaudido José Antonio Primo de Rivera. Si a eso hay que llamarlo razón, pues no sé yo a qué hay que llamar razón y prohíban a Ortega y Gasset, Unamuno y Russell.

Comentario aparte hay que dedicarle a que pides alejar de esta reflexión toda noción de bien y mal para ser más o menos objetivo, pero el "objeto de estudio" (Chávez) actúa, articula y pone en escena constantemente la confrontación del bien con el mal: "la campaña es entre el diablo y yo", "la oposición es lacaya del imperio", "ser rico es malo", etc.

También es común que cuando he dicho que Chávez es maniqueísta hasta niveles superlativos de inmediato aducen, como has hecho, que Bush es más peligroso: y creo que está claro que en la declaración "Chávez es un peligro y la peor opción a la que hemos optado" no va implícita "Bush es nuestro salvador". No entiendo cómo una y otra vez muchas veces decir "No a Chávez" implica para el que escucha decir "sí a Bush". Creo que eso es maniqueísta.

Y reitero: Rosales no está copiando su instinto de los adecos: lo copia directamente de Chávez, que tiene 8 años regalando plata cuando, como y donde lo necesita. Si no, mira Bolivia, Cuba y el Bronx: dinero entregado sin tomar en cuenta que en el país el desempleo es cada vez mayor y que ha sido "escondido" con trabajos transitorios en las misiones y economía sumergida galopante.

Que disfrutes del libro si tienes oportunidad de leerlo.

6:19 a. m.  
Blogger Maléfica said...

Se me hizo muy difícil leer este post por el tipo d eletra.
¿Y ya te registraste en el nuevo directorio de blogs venezolanos? www.to2blogs.com

4:42 p. m.  
Blogger Héctor Bujanda said...

Seguro que lo disfrutaré, Juan Carlos...

Yo no entiendo por qué luchar contra ciertos maniqueismos, contra ciertos estereotipos que sobredeterminan demasiado la relación de los opuestos (que siempre los hay, y los habrá), significa un paso a la objetividad. Nada que ver. La objetividad no trasciende nada, es un concepto ingenuo, y en estos tiempos pasa por una manera de no discutir lo que hay que dicutir. Para mí, la función de forzar la barra implica poder hacer que los debates se extiendan, los peajes se levanten y se disuelvan las pretendidas objetividades, e incluso uno termine pensando contra uno mismo, que es una de mis terapias favoritas, en tiempos complejos e inciertos.

Lo que he aprendido también de estos confusos tiempos es que el miedo es el primer articulador de la ideología. El miedo estructura el mundo, organiza a los actores y no deja ver lo que hay más allá de las apariencias. Aquí se está produciendo un "rico" debate sobre el tema del socialismo, y no necesariamente en el llamado chavismo formal (el del Estado y sus instituciones). Pensadores interesantes como Negri, Hardt, Mafesoli, Laclau, Fernando Coronil Margarita López Maya, Edgardo Lander vienen haciendo sus aportes específicos al debate, y si a eso le sumas lo que ocurre en los movimientos populares, donde hay una politización intensa, nada desestimable, te conseguirás con matices, con perspectivas que van mucho más allá del caudillo, o más acá, depende como lo veas. Eso es válido para Venezuela y el mundo entero, y la tarea del socialismo del siglo XXI, a mí juicio, tampoco es monopolio de nadie, al igual que el antinorteamericanismo de estos tiempos.

El proceso, en su más amplia definición, incluye filiaciones que se están desarrollando y deviniendo, y que aún no sabemos bien a dónde irán a desembocar. Por eso no suelo acabar con el debate de un trazo, ni sostener posturas con un dejo de asqueamiento, sobre todo porque, en lo personal, me interesa, y mucho, la materia. Uno habla de lo que piensa y de lo que siente. El socialismo es una palabra que invita a mi reflexión, tanto como otros se parten la cabeza para ver cómo promueven el mercado en medio de la conflictividad política (e inventan la responsabilidad social de las empresas), o siguen elaborando argumentos en favor de la representatividad y de la teoría liberal.

Por eso creo que es absolutamente ideológico decir lo que uno siente, piensa y cree. Te doy un ejemplo cotidiano: tu te sientas en una mesa con alguna gente, y en las primeras de cambio ya sabes con quien estás sentado. Si te critican como algo diabólico y detestable a Mario Silva, sabes que hablas con un antichavista. Si el interlocutor empieza diciendo que el fascista de Leopoldo Castillo y tal es un golpista, entiendes que estás con un chavista. La gente se retrata con los tópicos que sugiere, que propone para la conversación. Así que quien hace de las invocaciones diabólicas en la ONU un objeto de crítica, y prefiere no tematizar la Razón de Bush, está también retratándose de entrada. No digo que detrás de las instántaneas no existan otras cosas, pero la comunicación, en muchas facetas, está hecha de instantáneas. Y éstas son ideológicas por naturaleza.

Más allá de tus propios caminos que te llevaron a escudriñar en la vida de Miranda, te puedo decir que quien le toque periodizar estos tiempos tendrá que introducir el tema de la producción, circulación y recepción de ese libro, con relación a otros referentes y tópicos similares. Eso no es nada nuevo, está muy presente en la metodología de García Canclini, por ejemplo, así que lo quieras o no, el libro de Miranda, que ya nos pertenece a nosotros los potenciales lectores, participa de otras relaciones, menos personales y más intersubjetivas (sociales). Tu libro quedará, como la película de Risquez (que es infame, por cierto) como una de las lecturas de Miranda en una época de reconsideración y reestructuración de perspectivas históricas. Así que no hay historia verdadera ni falsa. Y eso lo pueden explicar también los textos de Olalquiaga y García Canclini.

Un abrazo

4:52 p. m.  
Blogger Juan Carlos Chirinos said...

Es verdad: los libros tienen una vida propia sobre la que no podemos hacer nada. Así que esa biografía de Miranda seguirá su ruta: espero que sobreviva a su propio camino hacia Damasco...
Te digo, Héctor, una cosa: lo de las ideologías y eso a mí pues no me interesa ya porque prefiero ir evaluando el mundo poco a pocón sin lechos de procustos que me digan cómo a juro y porque sí. Gracias a Dios no soy católico, y eso del comunismo et al me pilla lejos: en todo caso, puestos a escogher, me veo echado en la hierba del Walden, pero un ratico.
Por otra parte, el ridículo de Chávez en la onu no es tanto criticable por grosero y burdo (que lo es) sino por hipócrita: ¿acusa de genocida tira bombas y demonio al mismo hombre que lidera un gobierno al que su gobierno le vende el petróleo conque se bombardea? Que no me joda el teniente coronel: que sea coherente y cierre el grifo de petróleo hacia EE UU (a ver si hay huevos), y que le venda ese petróleo a los países que se lo quieran comprar y comulguen con el menjurje que es su ideología.
Lo lamento, ante esta evidencia, la verdad, toda esa articulación de discursos ideológicos y demás soportes (que a mí me parecen intrascendentes, juegos de la mente) se vuelve agua.
Pero te repito lo que dije al principio: seguramente es que yo no he entendido nada, porque usas un discurso muy complicado y elusivo, que a mí me cuesta identificar con un análisis crítico porque se me parece más a una huida hacia adelante. Tus palabras me recuerdan las sesudas aproximaciones de los estructuralistas a los textos o de los sociólogos literarios.
Para serte sincero, siempre termino pensando que no has dicho lo que querías decir, y en muchas ocasiones no te comento nada porque simplemente no entiendo a qué te refieres.
No bromeo: probablemente me he alejado estos años de esta línea de pensamiento y "no la pillo" (ya comienza a preocuparme la vaina).
Aunque seguiré intentando.
Un abrazo ahí.

4:24 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Tal vez no exista una historia, sino diversos discursos sobre la historia. Puede ser...¿entonces el Holocausto? Bueno, eso es un asunto del nazismo, o del estalinismo que continuó esa persecusión contra los judíos con números más terroríficos y con menos difusión. (¿existirá un nazismo del siglo XXI?)
El chavismo no es historia. Es algo vivo que recoge el gran fracaso que somos como país. El caudillismo aunque se vista de socialismo del siglo XXI es caudillismo. Pero ya sabemos la buena prensa de los gendarmes necesarios.
¿Habría sido Miranda un gendarme? ¿Escucharemos alguna vez en el discurso oficial de este gobierno la verdad sobre el modo en que fue arrestado Miranda por el propio Bolívar? ¿O es un tema de discursos y subjetividades?
Me gustaría que continuaran ustedes este fructífero diálogo. Creo que Chirinos debe hacer un esfuerzo conceptual para ponerse a la altura, pero de allí saldrá algo interesante.

6:11 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Con todo el respeto me parece que a veces las discusiones sin ciertos parámetros puede convertirse en un relajo espectacular de reflexiones onanistas. Ambos interlocutores, Chirinos y Bujanda, están proponiéndonos algunos elementos de juicio importantes para analizar la situación venezolana. Creo, en mi humilde opinión, que sus ópticas se dirigen a dos niveles discursivos. Mientras Chirinos emplaza a Bujanda a concretar algunas de sus teorizaciones sobre los avatares y contradicciones inmediatas del chavismo, Bujanda permanece esquivo desde unas alturas teóricas que, si bien dejan mucho que desear para una lectura del medio venezolano, resulta en extremo sugerentes e importantes para tratar de entender algunos fenómenos. En estos sentidos tengos algunas interrrogantes que hacerle a Bujanda, desde mi propia posición política.

1) En un momento usted habla de reflexionar en "contra de sí mismo" y reconocer las diferencias, en ese mismo extracto cita de hecho algunas reflexiones sobre el socialismo en el siglo XX. Me llama la atención que excluya, por no pertencer al programa ideológico que usted posse, otras reflexiones que se están dando, como las de Colette Capriles, Eduardo Mayobre, Elizabeth Burgos o Perez Oramas en venezuela, por mencionar algunos casos, porque hay más. ¿No cree, en este sentido, que para procurar una reflexión verdaderamente autónoma debemos fijarnos en nuestras discusiones, y hasta en las discusiones de otras agendas ideológicas, como las que llevan a cabo liberales "progre" como el mismo Richard Rorty, si queremos pensar en contra de uno mismo que es pensar en contra de nuestras agendas de pensamiento?

2) ¿Es posible pensar un chavismo sin Chavez, o irremediablemente todas las apuestas interesantes que en su seno se están dando van inequívocamente unidas a su culto personalista, a su fijación en el poder? Los chavistas argumentarán que mientras no haya una oposición sensata él seguirá ahí, pero eso me parece un argumento simplista, y hasta manipulador. Pero no sé qué piensa usted.

3)Cuando habla de la "objetividad" como una especie de mito de las sociedades liberales, una reflexión muy en boga por las recientes teorías que usted ha leído, no cree que está siendo un poco simpllista, toda vez de que se trata de algo un poco más complejo. No es que la objetividad sea una realidad monolítica, cosa que pretenden algunos medios de comunicación, crítica que que comparto con usted. Se trata por el contrario de un ideal de búsqueda, una especie de tercer lenguaje que trate de unir dos lenguajes, dos visiones distintas. Es una especie de pequena utopia movilizadora, algo parecido a lo "real" de Lacan, si me permite lo exagerado de la analogía, en donde nunca termina de conjurarse totalmente. Si vemos con mas atención cómo se mueve este mito en las "sociedades abiertas" veremos que nunca ha sido una realidad monolítica: los llamados hechos, del periodismo, son siempre cuestionados. Una sociedad verdaderamente abierta no muere en la realidad de los hechos de una cobertura mediatica, porque estos pueden ser cuestionados tanto dentro de los medios, como fuera: demandas en la corte, campañas, discusiones en universidades o plazas. Los hechos nunca son una realidad como la cultura mediática pretende. Las otras instituciones sirven para cuestionarlas. Sólo en sociedades no democráticas, como en algunas dictaduras, o bajo amenazas autoritarias (como EEUU y su guerra contra el terrorismo, o venezuela misma con la revolución bonita) la voz del lider es la verdad y no hay mecanismos para cuestionarlas realmente. NO sé qué piensa sobre ello.

Bueno, espero no haber importunado demasiado. Estoy my agradecido de leer sus relfexiones, auqneu pueda discrepar algunas de ellas. Saludos.

El Hombre K

9:39 p. m.  
Blogger Héctor Bujanda said...

El hecho de que la historia no sea ni verdadera ni falsa no significa que la declaremos irremediablemente ficticia. Los acontecimientos existen, se producen, se desencadenan, los provocan los hombres, son reales –como el Holocausto– y nos toca a cada uno de nosotros reflexionar, pensar esas cosas que nos marcan, que nos descuadran, nos modifican y nos desplazan. Algunos optan por una lectura, otros por otra. Algunos imponen su lectura, otros las articulan como una forma de resistencia. Algunos evaden, otros confrontan, y otros afrontan. Las posibilidades resultan infinitas porque los acontecimientos no se agotan en las lecturas dominantes que se hagan de ellos. El Holocausto, en ese sentido, fue un acontecimiento tan radical, tan profundo, tan inhumano, que muchos no dudan en llamarlo “el auténtico mal radical de nuestra época”. Fíjate que el comunismo, a pesar de sus desastres, ha podido ser en los últimos tiempos objeto de algunas banalizaciones de Occidente (domesticaciones). Antes de que aumentaran las demandas sociales y las esperanzas de cambio político a nivel global (de que progresivamente se fuera reconstruyendo la alternativa de la izquierda), esas caracterizaciones se hicieron desde cierto estilo estético retro, nostálgico. Hay películas como Good Bye Lenin o Buena Vista Social Club, por ejemplo, que son lecturas desdramatizadas de la experiencia comunista. Con el Holocausto sucede otra cosa, todavía nadie ha hecho una película que se llame Good Bye Hitler, ni se añore un mundo de nostalgias nazis, como es el caso de los músicos cubanos detenidos en el tiempo comunista. El Holocausto es un mal radical porque fue la absoluta trasgresión de todos los límites políticos, la aniquilación masiva y administrada de los hombres y de sus bandos (las primeras víctimas fueron los comunistas y después los judíos y otras razas). Todo eso fue concebible porque primero se le fue despojando a cada uno de esos seres sus derechos fundamentales. Hay quienes piensan que el Holocausto no ha pasado, y que el siglo XXI seguirá repitiendo escenas como las que se viven hoy en Guantánamo. Estados Unidos acaba de aprobar la Ley de Comisiones Militares, que le da plenos poderes a los órganos policiales y militares para capturar a cualquier ciudadano que sea sospechoso de terrorismo, sin previa orden o protección judicial. Esta ley lo que hace es confirmar el antiguo decreto de la Patriot Act, bastante problemático y antidemocrático. Con lo cual, se afina cada vez más en Occidente la idea de un Derecho que le quita facultades a los individuos que se presumen “peligrosos”, como los musulmanes, por ejemplo. La tentación de la aniquilación siempre está a flor de piel. Por eso, en este espacio llamado "zona de conflicto" abogamos por aceptar y reconocer a los otros, por más que el conflicto nos perturbe, nos descoloque, y nos haga modificar profundamente nuestra posición.

Tiene mucha razón el amigo anónimo: socialismo con caudillismo es caudillismo, como democracia con caudillismo (a la manera de Menem, CAP, Fujimori, los progenitores reales de los Chávez en Latinoamérica) también es puro caudillismo. Una globalización con caudillo es caudillismo puro también, como la que propicia Estados Unidos con Bush a la cabeza. El anónimo dice también una gran verdad: Chávez es la historia viva, es el signo del gran fracaso que somos como país. Eso es lo que está precisamente en juego en el plano local, nacional y global: cómo reconstruir la socialidad, la convivencia humana sin exclusiones abominables y masivas, que le abrieron camino a las soluciones violentas y a la aparición de nuevos caudillos. A medida que las instituciones desaparecen en todas partes, se debilitan y quedamos a merced de la lógica del mercado global (no hay que olvidar cómo los caudillos progenitores fueron los primeros que disolvieron instituciones en Latinoamérica, para encarnar ellos mismos el mito de la competitividad, de la apertura económica y de la integración global), aparecen más manifestaciones caudillescas, más religiosidad, más fundamentalismo justicialista. Ninguno de estos fenómenos hubiera aparecido en los tiempos de las instituciones y las mediaciones políticas sólidas, cuando la sociedad podía jactarse, en su mayoría, de gozar de cierta estabilidad. Ahora queda reconstruir, cohesionar, reestablecer la gobernabilidad en medio de la anomia, de las profundas desigualdades y del caos cada vez más generalizado. Tareas muy complejas, conflictivas, casi explosivas en medio de la multiplicación de la fe y de las razones globales. Hay gente que dice que la globalización es una época de incertidumbres generalizadas y fabricadas (Ulrich Beck). Incluso hay gente que habla de un nuevo tiempo planetario, marcado por lo que se denomina lo post-secular. ¿Es posible pensar una política post-secular? Me cuesta mucho todavía aceptarlo, pero hay que pensarlo una y otra vez, partirse el coco, porque esa es la encrucijada de nuestra época, lo que nos marca profundamente como generación.

En ese sentido lo lamento: yo no puedo añorar nada sólido, no tengo refentes claros al respecto, salvo cierta primera infancia. Todo lo demás ha sido una larga decadencia, un desmoronamiento, una incertidumbre y un caos. Por eso creo que la tarea nuestra en este momento debe estar dirigida a abrir la imaginación política, y a construir alternativas posibles que garanticen otras formas de convivencia y solidaridad. ¿Eso es ser de izquierda? Pues soy de izquierda, pues.

11:21 p. m.  
Anonymous LuisCarlos said...

es usted un mapa para no perderse en el terreno. sobre todo porque afronta la bruma sin problemas.
gracias

11:40 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

El hombre K


Disculpa que siga extendiendo esta sugerente discusión, después de haber leído su lúcida respuesta. Solo quiero acotar dos cosas.

1) Primero que nada quisiera relativizar un poco su lectura sobre la “nostalgia” comunista. Estoy de acuerdo que ha habido mucha banalización sobre la Unión Soviética y que su comparación con los horrores del nazismo también resulta banal y manipuladora, tal como lo ha hecho ver el mismo Zizek y otros líderes del pensamiento de izquierda contemporáneo.
Pero también ha habido banalización del nazismo, y no solo de parte de la industria cultural norteamericana, sino tambien por parte de cierta izquierda teórica que, bajo postulados sensacionalistas y grandes generalizaciones, también caen en el triste maniqueísmo de los malos contra los buenos.
Es verdad que toda explicación a hechos horrorosos pueden convertirse en formas de justificación, pero yo creo que como Todorov nosotros nos merecemos siempre intentar explicar que sucedió en esa época.
Por otro lado, para seguir en este punto, es bueno saber que esa supuesta “nostalgia” comunista nace en un lugar específico y gracias a varios factores. Uno de ellos es que ha habido leyes en algunos países de Europa de prohibir algunas manifestaciones nazis, cosa que no ha sucedido con el comunismo de manera tan abierta, porque todavía hay partidarios. Lo segundo es que ha habido una serie de replanteamientos sobre los procesos de privatización tan acelerados que se llevaron en la era "neoliberal" que hace que algunos sectores europeos sean muy críticos con algunos regimenes democráticos. En este sentido, y para llevar a la discusión a un terreno mas concreto, en la Alemania del oeste muchas personas están deseando volver a algunos de los beneficios del "welfare state" que antes tenia la Alemania comunista, pero nadie quisiera en ese sentido volver al sistema de prohibición de libertad y circulación; eso explica un poco la película Good bye Lenin, y sobre la película Buena Vista Social Club no hay que decir mucho si sabemos que el director es Win Wenders, europeo y alemán.
Otro elemento que explica esta nostalgia se refiere a la tipología de los postulados comunistas. El comunismo, a diferencia del nazismo, nace de una teoría con pretensiones universales. De hecho, se convirtió en una empresa tan internacional como el MacDonald o la IBM. Fue una corporación globolizadora, acaso una de las primeras en el siglo XX, que quería universalizar su visión del mundo, monopolizando el imaginario social en la lucha entre los obreros y los capitalistas. El nazismo, por el contrario, no teníaa mayor aliento porque residía en un líder y en el culto a una raza, cosa que limitaba claramente sus pretensiones expansionistas.
También hay una cuestión de números, que no hay que olvidar: seis millones de judíos es mucho mas claro de denunciar, por lo horrendo obviamente, pero también porque que se trataba de una comunidad que hoy en día es mucho más fácil de localizar y tiene además un gran poder mediático, que un numero todavía impreciso de millones de personas que no alcanza el número de la barbaridad del nazismo y que están compartidos no solo entre judíos, sino también por cualquiera comunidad o persona que se opusiera al estalinismo.
De ahí entonces que sea más fácil poder tener una nostalgia comunista que una nostalgia nacista, y sea más fácil hablar de los "horrores" del nazismo y callar los de las dictaduras mal llamadas comunistas: recordemos que algunas de estas siguen en pie, como Cuba o China, teniendo todavía un gran respaldo entre grupos de opinión muy calificados.
Con esto no quiero despotricar del comunismo, sino más bien alentar la crítica a sus lecturas más simplistas y totalitarias. Para mí en muchos postulados esta más vivo que nunca, pero me parece peligroso seguir repitiendo sus interpretaciones más tristes. Por eso, a diferencia suya, no puedo declararme de izquierda. Siempre me ha parecido, y lo que he vivido en Venezuela me lo corrobora, que hay algo peligroso, inmoral, de la izquierda al seguir pensando que ella es la única que sueña el futuro de una sociedad. Me parece injusto que una ideología, una forma de ver la realidad, se imponga sobre las demás como la única que puede ver el más allá, o intenta ver el más allá. Ese monopolio de la mirada, me parece el caudal para las más horribles empresas. Y no quiero decir que soñar es malo. Lo que quiero decir es que las buenas utopías, las que movilizan a las personas para una empresa en común, nacen de la necesidad y no siempre de las convicciones ideológicas.

2) El otro punto que quería decir tiene que ver con una de las preguntas que le hice. Si bien no contesta usted directamente alguna de ellas, constato que de una manera elusiva me dio algunas respuestas; yo no soy el anónimo que escribió al principio. Me alegra en este sentido, y por lo que pude corroborar de su última respuesta, que estemos de acuerdo en algunos puntos de la realidad nacional. Insisto sin embargo en pedirle algún comentario suyo sobre la posibilidad de pensar un chavismo sin Chávez. Lo digo porque a mí me interesaría rescatar algunos de los elementos del chavismo que me parecen importantes: como la critica a los EEUU, la sensibilidad social, algunos proyectos de lucha contra la pobreza, algunas de sus proyectos comunitarios, para obviamente tratar de insertarlos en las demandas mas urgentes de la oposición: un sistema de alternabilidad democrático, un cuerpo de partidos con agendas claramente ideológicas (cosa que todavía luce difícil), autonomía institucional, paz, seguridad. Lo que mas critico del chavismo es el sectarismo que han tenido con las instituciones, sobre todo las culturales: su odio a la UCV, los despidos injustos a personas humildes y trabajadoras de algunas empresas publicas y culturales (como la Biblioteca Nacional, los museos, etc), por no mencionar el claro odio a ciertas manifestaciones artísticas (como lo que paso con el trabajo de Cruz Diez). No entiendo como los medios intelectuales chavistas o "cripto-chavistas" han callado sobre esos temas y no los han denunciado como se merecen. Han perdido con esos gestos un grupo de venezolanos importantes, de claras convicciones políticas, muchos de ellos de izquierda, que también han denunciado el peligro de las agendas de derecha. Al parecer no les perdonan el tener otra táctica de ataque o lucha, menos épica y más institucional e intelectual; o mejor dicho: que lleva la épica al terreno de las ideas y la escritura, y no al terreno del triste espectáculo de algunos medios como Globovisión, las marchas o los militares. Me gustaría insistir qué piensa sobre ello. He invito, si puede, a Juan Carlos Chirinos, y cuanto otro lector lea este blog de seguir hablando sobre esta materia.
Muchas gracias por la oportunidad.


El hombre K

1:03 a. m.  
Blogger Martín said...

Muy bueno esto, más discusiones así hacen falta en este país. Saludos!

5:37 a. m.  
Anonymous Reste@dos said...

En estos días de campaña, hemos visto claramente que la gente no compra el mito del socialismo, como tampoco compra el mito de la amenaza fascista e imperialista. No puedo dejar de plantear que el conflicto político entre esos dos polos que nos amargó la vida entre 2001 y 2004 fue fabricado. Nunca fue el conflicto real de la gente. (Aclaro no es que no existan tendencias fascistas o tendencias socialistas entre los actores políticos venezolanos con aspiraciones de poder; las hay y en inesperadas mescolanzas, pero a la gente eso no le quita el sueño).

El verdadero conflicto que nos mueve es la distribución de la riqueza y su contraparte la generación de la pobreza. No queremos se pobres, queremos ser ricos. Esa es una aspiración compartida en El Onoto y el Bosque de La Lagunita.

En la etapa del referendum, el chavismo comenzó a responder a esa realidad con las misiones y después amplió la piñata para sectores empresariales (más allá de los banqueros, que han comido muy bien en la mesa chavista, desde el primer día). Pero, lo ha hecho con hipocresía, como quien en el fondo sabe que está traicionando aquellas nociones en las cuales dice creer. (No creen, creo yo).

Rosales está prometiendo abiertamente el festín. Como buen adeco, nos va a poner a todos donde hay. Rosales no maquilla su demagogia. Calza bien en la dinámica de la campaña electoral populista, a pesar de ser un tipo sin carisma y sin talento. El peor candidato que pudo escoger la oposición está resultando el mejor en términos de la campaña; probablemente, porque no tiene pudor al hacer promesas demagógicas. Creo que este tipo no ve nada malo en repartir la torta entre su clientela, en lugar de intentar desarrollar el país. Probablemente a Petkoff y a Borges les habría dado vergüenza hacer una campaña así, porque saben bien como funciona el ciclo del despilfarro a la pobreza. Ciclo por el cual hay motivos para preocuparse.

Como también hay que preocuparse por el autoritarismo y las restricciones a la participación democrática. Tema que quedó fuera de la agenda electoral. Tal como dices, Bujanda, en tu respuesta a K. tenemos en frente la tarea de fortalecer la gobernabilidad, de romper la anomia, de volver a cohesionar nuestra sociedad, en medio de la desigualdad creciente. Chávez es un obstáculo para esa tarea. Eso lo tengo claro. Rosales podría también ser un obstáculo, pero menor, más fácil de superar.

K. pregunta por la posibilidad del chavismo sin Chávez. Por mi parte, rechazo esa opción. El chavismo se define por el autoritarismo más que por los temas de la justicia social y la organización comunitaria. Me gustaría pensar más bien en socialismo democrático. Pero, eso tema lo sacamos de la campaña, por complejo e incómodo.

Finalmente, creo que Chirinos acierta en su intuición de la “huída hacia adelante”. Creo que nos pasa a todos en este país.

Nota marginal: A mí me quita el sueño no tanto el precio si no la lista de espera para el carrito, que en mi caso se volvió artículo de primera necesidad. Hay real. Y no hay producción. Indicios de que pronto volveremos a pelearnos por cómo distribuir la pobreza.

Ps: Revisa el html de la nota. Tiene razòn Maléfica. Esto es difícil de leer.

7:23 a. m.  
Blogger Héctor Bujanda said...

Perdonen la inexplicable tardanza. Esta conversación merece ser sostenida una y mil veces, por lo sabrosa y lo sofisticada. Quién hubiera pensado que un análisis de la coyuntura electoral nos iba terminar llevando por estos caminos. Eso me indica, Resteados, que nada nunca es concreto, todo tiene un contorno ideológico, por lo que mal podría yo subestimar los poderes narrativos de alguna ideología en particular.

Voy a responderle al Hombre K, fundamentalmente. Empezando porque me intriga la ambigüedad de ese seudónimo. No sé bien si es un elogio al poder, al hombre mediático tal como lo concibió el Ciudadano Wells, o es todo lo contrario: ese ser que no merece ningún tipo de ciudadanía, que ha sido despojado de todas sus investiduras y de sus derechos, tal como lo describe Kafka. De cualquier manera, bien sea el arquetipo ciudadano de estos tiempos mediáticos, o el ejemplo del subalterno que no habla, K es una sigla que tiene para mí grandes connotaciones, e invita a pensar muchas cosas. Y a eso voy:


1)No creas que es un acto de desprecio, K, que no cite en mi universo ideológico particular, como lo describes, a Colette Carriles, a Eduardo Mayobre o a Pérez Oramas. Son figuras, si se quiere, de la derecha venezolana, y creo que Colette no tendría ningún prurito en aceptarlo. Son gente seria, y que viene trabajando en la ardua tarea de reconstruir el sentido de la política a la manera liberal, buscando rescatar en medio de la crisis y de la emergencia de nuevos relatos políticos la idea de la representatividad, el papel de los partidos políticos y de las instituciones del Estado, así como la función que debe jugar la sociedad civil en ese esquema. Ahora bien, nadie le está pidiendo a Colette que cite a Marx, que piense a partir de Negri o que elabore sus planteamientos a partir de Gramsci. Cada saber, de izquierda o de derecha, tiene su propia lógica, su propia tradición, sus propios atascos y sus propios desvaríos. Si nos queremos tomar en serio el debate político y la elaboración de un proyecto de convivencia sustentable, hay que adentrarse en esos pensamientos y rescatar lo rescatable. Yo no tengo problemas con las agendas contrarias, todo pensamiento autónomo se construye con referencia al otro, en dialéctica con el otro. Así que los territorios se construyen desde adentro pero con relación a un afuera.

2)Creo en el chavismo sin Chávez tanto como en una oposición sin Rosales. Tengo una perspectiva muy gramasciana de la política, aunque admito que el principio que mueve todo en esta vida es el de la identificación, es decir, alguien debe encarnar los poderes de los otros, de las comunidades políticas (es el principio mesiánico de la política). No olvidemos que en los últimos 15 años tres figuras han encarnado las demandas populares y los deseos de cambio sistémico en el país. Fue primero Andrés Velásquez, después Caldera y ahora ese “portento” llamado Chávez. Son figuras que capturan la identificación colectiva, pero a mí lo que me parece más importante no es ese lazo libidinal, sino lo que crecido la gente en este proceso. Numerosos movimientos populares, comunidades organizadas que están pensando en función de sus intereses y más allá de los personalismos y los caudillismos. ¿Cuánto puede durar esta identificación con el líder-caudillo? Sólo hasta que la gente entienda que tiene en sus manos la decisión del cambio, que puede ejercerlo en sociedad definitivamente, sin necesidad de que los arreen, ni los traicionen. Operación compleja, imposible de pronosticar, pero te puedo decir que muchas comunidades políticas no son ni la sombra de lo que había aquí antes de 1998. Y eso es muy positivo.
3)No sólo saludo un tercer lenguaje, K, sino un cuarto, un quinto, un sexto, muchos lenguajes. No creo que haya una especie de lenguaje privilegiado, que es la suma de muchos lenguajes subjetivos. La complejidad tiene sus límites, si no diríamos que el más culto es el mejor ciudadano, o el que más sabe es mejor que el que menos sabe. Recuerda que la empresa aniquiladora del nazismo se planificó entre gente muy culta y muy sofisticada. Así que no creo en los lenguajes privilegiados, por encima de los otros. Me parece curioso que cites a Lacan. La instancia de Lo Real es todo lo contrario a lo que dices, más bien tu definición se parece a lo que Lacan llamaría la instancia de Lo Simbólico, es decir, un lenguaje intersubjetivo, reconocido por todos en comunidad, que nos permite el sentido social y garantiza la comunicación entre la gente. Pero Lacan, a medida que la sociedad se complejizaba, se volvía más abierta y el individuo tenía más peso en sus decisiones, se desplazó a pensar Lo Real como la experiencia del sin sentido, del trauma, de lo que no puede ser asimilado del Otro. Es una orientación muy pertinente para entender el eclipse institucional de la Venezuela de los últimos 20 años, y la aparición cotidiana de experiencias “reales” con los otros, es decir, traumáticas, donde el Otro se vuelve ininteligible, potencialmente peligroso.
4)En cuanto a la reflexión de Resteados. Habrá que esperar las elecciones, los resultados. Hasta ahora las encuestas siguen hablando de una ventaja para Chávez de 55% a 22%, es muy temprano para hablar de los límites de lo ideológico como oferta electoral. A diferencia de gente como Ignacio Avalos, por ejemplo, yo no creo que las demandas siempre sean objetivas y concretas. La gente que vive en un barrio no demanda exactamente la tubería, las escalinatas y las aguas servidas. Eso es una reducción flagrante del prototipo "pobreza" y del hombre en general. Toda demanda concreta tiene que asociarse con un proyecto de vida, con una dimensión simbólica. Te doy un ejemplo: en los años 60 la publicidad en Venezuela promovía la emancipación de la ama de casa. En los avisos salían mujeres modernas, finas, al lado del lavaplatos eléctrico o de la nueva lavadora. Eso no quiere decir que la clase media sólo quiera televisores pantalla plana, carros importados, viajes a Miami y acciones en un club. Todo eso está amarrado a una gramática, a un proyecto de vida que habla de aspiraciones, de valores, de fantasías y sueños. Así que estoy radicalmente en desacuerdo que toda la sociedad quiere ser rica, o que tenga las mismas aspiraciones de la clase media. Eso es seguir proyectando tu particular estilo de vida a todo los colectivos sociales. ¿Toda la sociedad quieres ser rica de qué? ¿Rica con qué? ¿Rica para qué? Mientras unos asocian eso a estilos de vida como la Ciudad Inteligente, que está por allá por la Tahona, otros creen que la riqueza es justicia, es inclusión, es participación en las políticas públicas, es revalorización del barrio en tanto comunidad. Así que no te creas tanto el tema de que lo ideológico empaña u opaca. La ideología es fundamental para articular la política y las comunidades en específico. Tus aspiraciones de riqueza, Resteados, son muy diferentes a las mías, y probablemente a muchos otros.

5) Puede que algunos estemos huyendo hacia delante, como señalan por ahí. Puede. Lo que tengo claro es que jamás huiré hacia atrás. Ni hacia los adecos, ni hacia los pactos excluyentes como el de Punto Fijo, ni hacia la mentalidad del sálvese quien pueda, ni a la paranoia de la clase media que cada día quiere menos contacto con el Otro, ni a la visión asquito de cierta excelencia con relación a lo social, ni al poder unilateral de los medios para fabricar lo que se debe y no se debe debatir, ni a las soluciones al conflicto tipo ejecutivas e instantáneas. No me queda duda: si ese es el dilema, prefiero seguir huyendo hacia adelante.

4:07 p. m.  
Blogger Alexis Correia said...

Indica Héctor Bujanda: "Por el lado de Rosales, en tanto, mientras más se pone gozoso y apela al ideal de que la riqueza nos las tenemos que "rumbear" todos por igual, produce todo un síntoma que se expresa en el discurso de cierta clase media que se ha sentido golpeada por la manera como el Estado ha repartido en estos años la abundancia"

Pienso que el gran pelón de bolas de muchos analistas tradicionales ha sido analizar el fenómeno Chávez sin tomar en cuenta lo simbólico. Hubo una frase hace unos años que resumía esto: "Con hambre y sin empleo, con Chávez me resteo". Eso no es comprensible en un sistema cartesiano de coordenadas, ahí es donde entra en juego lo simbólico. El factor de comunicación y el lenguaje en el que siguen pelando bolas tantos analistas.

De la misma manera, tampoco podemos observar lo que ocurre alrededor de Rosales sin excluir lo simbólico. Al respecto tengo dos teorías:

1. No pienso que la tarjeta "Mi Negra" sea el factor determinante para la motivación de las fuerzas que se han aglutinado alrededor de ese candidato gris y aéreo llamado Manuel Rosales. Entiendo que Chávez ha tocado intereses económicos de determinados sectores, pero igual no podemos olvidar el aspecto simbólico de la oposición y no reducirla sólo a los que quieren volver a ser tomados en cuenta en un hipótetico clientelismo adeco y un "Cuanto hay pa'eso".

2. Lo que sigue definiendo a quienes se han aglutinado alrededor de Rosales es la oposición a Chávez, más que la identidad propia. Quienes van detrás de Rosales buscan lo menos malo de dos opciones, a mi juicio. Y no sólo porque Chávez toque determinados intereses, sino por lo que representa simbólicamente. Por citar mi caso particular, no me siento identificado con el universo simbólico de Hugo Chávez Frías, aunque tampoco voy a votar por Rosales. Quizás muchos de los que desean votar por Rosales es porque quieren otro proyecto simbólico de país. Quizás un país más "normal", más insertado dentro de la corriente occidental de pensamiento, menos conflictivo, un país quizás más burgués, donde lo civil predomine sobre lo militar, un país más culto y educado, más conectado con el exterior, etc. El dinero que me he ganado este año ha sido 100% obtenido gracias a la expansíón ecónomica, ha habido un boom de publicaciones y revistas, hay más real circulando. Igual no me gustan los simbolismos de este gobierno. Creo que eso es algo para analizar también y que "Mi Negra" no pesa tanto como parece.

5:21 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

El Hombre K:
Antes que nada muchas gracias por contestarme. No sé si leerás esto, porque tenía tiempo sin venir por acá y me encontré con tu respuesta. Espero que puedas leer la mía, si es que todavía tienes acceso a esta parte del blogg.
Bueno lo primero que quiero decir es que coincido plenamente con las dos líneas que has visto detrás de mi nombre; no sabía que ibas a agarrarlo tan bien y explicarlo mejor aún. Efectivamente el Hombre K es a la vez una representación del lugar del poder y una representación a su vez de su carencia: es Wells y Kafka a la vez. Con ello he querido mostrar cómo las líneas entre la autoridad y el desposeido son variables y problemáticas, se cruzan a veces y se rearticulan, mantienen un comercio continuo, una especie de contrabando simbólico.
Me interesa además otras dos imáges que envuelven estas representaciones: el poder mediático, con el dominio en el caso del film de Wells que tiene el famoso magnate sobre los papeles de la prensa, y la falta de poder que tienen los personajes de Kafka sobre el papeleo burocrático. Dos manifestaciones del papel: quien controla su circulación y quien no entra en su circuito.
Gracias en este sentido por haberlo descifrado. Tomo tu análisis como mi bautizo. Ya sabrás en algún momento qué resultará de ello, porque no es algo azaroso. Por lo pronto lo que me interesa es proseguir con estas discusiones. Me interesa destacar los riesgos de sostener posiciones inalterables. El peligro que a veces uno puede incurrir, y yo mismo (o la voz de este seudónimo que poseo y me posee) de defender causas que en un principio resultan legítimas.
Por otro lado, quisiera comentar algunas de tus respuestas que me parecieron muy iluminadoras.

1) En lo que respecta a las discusión con otros grupos de opinión le agradezco mucho su disposición. Me llamó, sin embargo, un poco la atención el término de derecha que usó, y que como dices no creo que a Colette o a alguno de ellos les molestaría. Pero mi pregunta va ahacia otro lado: ¿cómo podríamos definir esa derecha entonces? Incluso yo me preguntaría si cabe el término de derecha e izquierda de forma universal, sin los matices y las diferencias de los contextos. Uno bien podría decir, si quiere pecar de generalizador, que obviamente la derecha representa todos esos ideales que pretenden mantener el orden de valores imperante y que la izquierda es por el contrario las que desean los cambios. Pero cuando nos preguntamos a qué nos referismos con cambios, es decir, qué tipo de cambios transformadores a veces uno cae en un hueco inmenso. Por ejemplo, en los funestos años neoliberales quienes procuraban los cambios supuestos de la utopía liberal eran muchas personas de la derecha, con privatizaciones y reformas a lo loco, pasándose por encima leyes, grupos de opinión, instituciones. Hoy sabemos que eso era para en muchos casos beneficiar las grandes empresas, pero en ese momento el discurso era supuestamente para mejorar las condiciones de los individuos, arle oportunidades de trabajo y cosas por el estilo. Igualmente, cuando hablamos de las reflexiones de Colette capriles, que la he seguido muy bien en la prensa, como a ti en el blogg y a otros en otras partes no sé qué derecha identificarla. En EEUU por ejemplo se habla de derecha y son los republicanos, quienes le dan un rol importante al estado, protegen sus comercios. En Francia es prácticamente lo contrario: la izquierda es más republicana, cre en la función del estado. Y así podemos ver que en cada país se entiende esa dicotomía de forma diferente. No sé qué piensa sobre ello. Me gustaría saber su opnión.

2)Me parece riesgoso supeditar la política al mero ejercicio de la identificación personal. Me interesa el aspecto mesiánico, pero no cree usted que puede haber otras formas de mesianismo sin caer en la necesidad de supeditarlo a la voluntad de una sola persona. Puede ser comprensible, como usted dice, en momentos de ruptura. Pero esos momentos son breves: aunque han habido dictadores que sostienen la tesis del estado de emergencia para continuar en el tiempo, como sostienen algunos teóricos. ¿No estaríamos en este sentido justificando formas de autoritarismo al pedir una identificación permanente? ¿Cuánto tiempo hay que esperar para que las comunidades cobren conciencia de ello y determinen su propio destino? Los positivistas de comienzoz del siglo veinte pensaron algo parecido: el pueblo no está preparado para la democracia, por lo tanto hay que seguir con la dictadura hata que madure.No sé qué piensa sobre ello.


3)Sobre el tercer lenguaje gracias por su aclaración y su explicación que me pareció sumamente enriquecedora. Lamento decirle, sin embargo, que yo no me refería a lo que usted dice. La falta de tiempo y espacio quizás no me permitió explicarlo mejor. Cuando hablo de "especie" de tercer lenguaje, me refiero a la idea fallida, porque nunca se concretará, de la posibilidad de una lengua común, una especie de Babel. La cita que hacía de Lacan sobre "lo real" no hacía referencia al elemento linguístico de éste, sino a la imposibilidad de lograr esa meta, que sin embargo permanece como una especie de anhelo insatisfecho: la objetividad nunca está ahí, siempre se busca, se pretende crear la ilusión que se ha posado brevemente en algunos grupos de poder, ciertamente, pero después se quiebra con otros grupos. No vinculé en este sentido lo real a este lenguaje sino precisamente al atributo de no estar nunca en la realidad.

Las sociedades abiertas ansían ese lenguaje utópico, una especie de lenguaje adánico, hecho de todas las lenguas: terceras, cuartas, quintas, como quieras. Yo en ese este sentido no hablaba de un lenguaje privilegiado, de doctores e intelectuales, tampoco de un lenguaje popular, de ciertas zonas del barrio, sino de un ideal que aspira a fusionar, a poner en relación, todos esos lenguajes. Cuando decía tercer lenguaje (y usaba el número) tenía que ver en la situación de dos interlocutores específicos que hablan lenguas distintas. En su diálogo para tratar de entenderse ambos estarán labrando un horizonte mutuo de sentido, que interpela sus mismas lenguas y los obliga a reconocerse. Pero esta situación se puede generalizar a muchas lenguas, grupos, comunidades, instituciones, y sujetos.
Bueno espero que haya quedado claro lo que dije. De todas formas me gustaría oir su comentario, porque no soy perfecto y puedo incurrir en errores.

2:01 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

"los entrenadores catalanes hostiles a batteux" "entrenadores catalanes hostiles a albert batteux"

11:31 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

coche quemado en barcelona a miguel reina (años 70)

11:32 a. m.  

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